Paseos de dos aprendizes de montañero

Abril de 2017 - Ascensión al Moncayo (algunos) sin oxígeno

Hacía algún tiempo que no subía al Moncayo. Para dar una pista, en aquel año se fundó Apple, se gestaba la democracia en España mientras Juan Carlos I dictaba la amnistía a los presos políticos y se empezaba a hablar de unas elecciones democráticas. Todo ello al tiempo que los "grises" nos corrían a palos durante las manifestaciones pro-libertad. Total que fue el otro día.

Aprovechando que debía hacer una intervención profesional en Tarazona convencí, sin esfuerzo, a Juan y Jorge para repetir tal hazaña.

El sábado a las siete de la mañana hacíamos algo parecido a un botellón pero con café, en la suite de lujo del hotel en que pernoctamos: café, magdalenas, mermelada, miel, mantequilla y callos a la madrileña se encargaron de ponernos a punto para la gesta.

Poco después partíamos hacia el Santuario del Moncayo y, tras equiparnos convenientemente, nos dispusimos para comenzar la ascensión.

El tiempo había cambiado un par de días antes, bajando bastante la temperatura, e incluso había nevado algo el día anterior.


NOTA: Si alguien piensa que el resto va a ser una seria y detallada descripción de la ascensión al Moncayo o Pico de San Miguel, está muy equivocado.
 

Los tres intrépidos alpinistas comenzamos la dura ascensión
Al poco la cumbre comenzó a cubrirse y un viento gélido nos invitaba a retroceder y meternos en algún bar. El Circo de San Miguel aparecía tenebroso.
Como no puede ser de otra forma y dado que estamos hechos de una pasta muy especial, continuamos la ascensión.
Al otro poco comenzó a nevar en plan serio y aunque veíamos peligrar nuestra meta, en ningún momento nuestra férrea disciplina se doblegó ante el desánimo.
De esta guisa continuamos hasta que empezaron a aparecer restos de nieve bastante dura y algunos neveros con hielo escondido.

 

Ahora sin bromas, comprendimos por qué esta montaña se ha cobrado numerosas vidas y huesos rotos. realmente el camino no presenta dificultad pero la inclinación continua de la ladera hace presagiar un desastre en caso de que un paso en falso pueda hacer caer al montañero.

 

Más tarde un nevero se cruzó en nuestro poco claro camino y debido a la niebla, no se veía su fin. Nos calzamos crampones y sacamos el piolet. Realmente se puso serio el tema. La nieve muy dura no entrañaba dificultad pero en caso de traspiés podía acabar mal el tema.
En esos momentos llegaron tres montañeros que, a pesar de ser vascos, decidieron dar marcha atrás al no llevar el instrumental preciso.
Como acostumbra a pasar, el tercer hombre fue presa de la enfermedad "canguelus cagaleris tremendus" y mediante promesa de sobornos (incumplidos) de cerveza, fue admitido en el grupo de retirada.
 

Los dos excelentes alpinistas que decidimos valerosamente continuar llegamos algo después al Collado de Las Piedras donde soplaba un viento moderado. El optimismo se instaló en nuestros corazones y la ausencia de pendiente nos ayudó a caminar rápidamente hacia la cumbre.
Debo reconocer que el frío de co__nes que hacía también ayudó a darnos prisilla.

Finalmente, a las 11:30 horas de la mañana del 29 de Abril de 2017, estos dos alpinistas de renombre consiguieron hollar la prácticamente virgen cumbre del Moncayo o Pico de San Miguel. Una fecha y hora memorable para el alpinismo mundial.
Feos pero pintorescos.

Cualquiera que haya leído a J.J. Benítez sabe que el Moncayo es zona de muy comunes avistamientos de objetos voladores no identificados. Efectivamente, aquel glorioso día marcado por la heroicidad de algunos y deserción de otros, pudimos dar fe de que un extraño alienígena que continuamente lía cigarrillos se paseaba por el lugar a punto de ser ahogado por una especie de cinturón en su garganta.

Recuperados de la desagradable visión dimos un paseíto por la desolada cumbre sin bares y, ante nuestro desasosiego por la ausencia de lúpulo, sugerí a mi compañero que en el bar de abajo, probablemente servirían generosas raciones de huevos con patatas y algún tipo de chacina.
A veces hay frases que levantan la moral de las tropas y aquellas palabras mías de aliento, sirvieron de pistoletazo de salida para comenzar el duro regreso.

Tranquilamente descendimos mientras sentíamos que el oxígeno regresaba a nuestros pulmones y el olor a huevos con chorizo impregnaba mentalmente las pituitarias.

Solo me queda sugerir a Jorge que cuando una gotita se instala en el objetivo de la cámara es conveniente, aunque no imprescindible, quitarla.

Llegados al punto de partida se unió a nosotros nuestro valiente compañero para acompañarnos en la necesaria recuperación de proteínas, carbohidratos e hidratación.

Un abrazo a mi, cada vez más hipotético, lector